Por Frédéric Mertens de Wilmars, Director del Departamento del Área Jurídica, profesor y coordinador del Grado en Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Valencia, y experto en igualdad.
Vuelos cancelados, viajes pospuestos y mucha incertidumbre: la guerra en Oriente Medio ensombrece las perspectivas del turismo en esta región, que se había convertido en un destino muy apreciado. El turismo mundial se ve afectado. En todo el mundo, las agencias de viajes buscan soluciones para su clientela que se ha quedado atrapada en la región o que tenían previsto viajar allí. La guerra también afecta a las personas que han viajado a otras partes del mundo, ya que el Golfo alberga varios «hubs» aeroportuarios importantes, como Dubái, Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) y Doha (Qatar).
La guerra viene a trastocar un sector en pleno crecimiento en la región. En 2025, unos 100 millones de turistas visitaron Oriente Medio, lo que supone cerca del 7 % del número total de turistas internacionales registrados en el mundo. Su número aumentó un 3 % en un año y un 39 % en comparación con el periodo prepandémico.
Según los destinos, las personas provenientes de europa tienen una fuerte presencia, seguidos por los turistas procedentes del sur de Asia, América o incluso otros países de la región de Oriente Medio. A modo de ejemplo, los mercados cercanos representaban el 26 % del total de turistas en Dubái en 2025.
En estas circunstancias, una disminución de los flujos turísticos en la región supondrá un golpe económico más severo que en el pasado, ya que la participación del turismo en el PIB ha aumentado, al igual que el empleo en este sector. Debido a la guerra —y si esta encuentra una solución rápida—, las llegadas de visitantes a Oriente Medio podrían disminuir entre un 11 % y un 27 % en 2026, frente al crecimiento del 13 % previsto inicialmente. Esto supondría entre 23 y 38 millones de visitantes internacionales menos en comparación con el escenario anterior y una pérdida de entre 34 000 y 56 000 millones de dólares en gasto turístico.
Desde el punto de vista de las relaciones internacionales, cabe preguntarse: ¿cómo puede abordarse en términos geopolíticos el fenómeno económico y cultural en que se ha convertido el turismo? No basta con evocar la globalización en todos sus aspectos; ya no son tiempos en los que los Estados «socialistas» cerraban sus territorios tanto a los turistas como al capital extranjero. Ahora más que nunca hay que plantear los problemas del turismo en términos de rivalidades de poder en territorios de dimensiones muy diferentes: desde el plano planetario e internacional hasta los barrios turísticos y las estaciones balnearias. Las agencias de turismo excluyen de sus circuitos los países donde existen fuertes tensiones políticas y, en una estrategia también global, los movimientos islamistas consideran el turismo como una ofensa al islam: en Egipto, Turquía o Indonesia, grupos terroristas atacan a turistas occidentales.
No se puede reducir el turismo a los turistas y considerarlos una categoría ociosa de la sociedad: solo son turistas unos pocos días al año. Y el turismo también lo componen cientos de millones de personas que trabajan todo el año en múltiples «actividades de servicios» (hostelería, restauración, construcción, pero también prostitución, etc.). Según datos de la organización mundial del turismo uno de cada diez trabajos a nivel global está relacionado con el mismo.
En África, Asia o América Latina, esta fuerza laboral está principalmente al servicio de público internacional que gastan mucho dinero en actividades consideradas frívolas. Esto permite a algunos evocar un «choque de civilizaciones». Pero el turismo no funciona solo en una relación Norte/Sur: los destinos turísticos más importantes se encuentran en Europa occidental y en América del Norte, donde el turismo interno también está muy desarrollado.
La geopolítica del turismo mundial es un importante desafío de poder, que combina el atractivo económico y la dependencia en materia de seguridad. Dominado por Europa (Francia, España) y los polos emisores (China, EE. UU.), el sector es una palanca de desarrollo, pero sigue siendo frágil ante los conflictos, el terrorismo y la gestión del sobreturismo.
Los puntos clave de la geopolítica del turismo son, entre otros, los polos de poder. Así, Francia se mantiene como primer destino mundial, seguida de España, Estados Unidos y China. El turismo es un motor de la balanza de pagos para estos países. En términos de arma geopolítica y de seguridad, la estabilidad política es crucial. Hay zonas cerradas o desiertas debido a riesgos terroristas o conflictos. Las desigualdades en materia de pasaportes y las restricciones de visados ponen de manifiesto la instrumentalización de los flujos turísticos.
El turismo mundial es, por tanto, una «industria de la paz» que prospera en épocas de estabilidad, pero que es la primera víctima de las crisis geopolíticas.
Así, en el contexto de la guerra en Irán, muchos países asiáticos dependen en gran medida del petróleo que transita por el estrecho de Ormuz, y algunos destinos turísticos muy populares están adoptando medidas para limitar el consumo de combustible, mientras el conflicto en Irán entra en su cuarta semana.
Las cancelaciones de vuelos y las alertas a quienes viajan tras el ataque estadounidense-israelí contra Irán han asestado un duro golpe al sector turístico en Oriente Medio, pero los efectos del conflicto no se limitan a la región.
Las economías asiáticas se encuentran entre las más afectadas por las tensiones en el estrecho de Ormuz: países como la India, China, Japón y otros del sudeste asiático dependen en gran medida del petróleo importado que transita por este estrecho paso marítimo.
Ahora, algunos destinos turísticos populares están adoptando medidas para limitar el consumo de combustible en sus países.
Sri Lanka recibió alrededor de 2,05 millones de turismo internacional en 2024, de los cuales más de la mitad procedían de Europa, en particular cerca de 180 000 visitantes del Reino Unido y más de 135 000 de Alemania, según la Agencia de Desarrollo Turístico de Sri Lanka.
Debido a la crisis, el país ha instaurado una semana laboral de cuatro días para los funcionarios no esenciales, habiéndose elegido el miércoles como día de descanso adicional. También se han establecido límites máximos de compra de combustible.
Por su parte, Egipto registró un año récord en materia de turismo en 2025 gracias a la inauguración del tan esperado Gran Museo Egipcio, con 19 millones de llegadas internacionales, lo que supone un aumento del 20 % con respecto al año anterior, según el último Barómetro del Turismo de la ONU.
Aparte de la mención de que una escalada podría provocar trastornos en los desplazamientos y otras consecuencias imprevistas, las recomendaciones relativas a Egipto se mantienen sin cambios por el momento: se aconseja evitar cualquier desplazamiento a la gobernación del Sinaí del Norte, que limita con la Franja de Gaza, así como a la frontera con Libia. A finales de mes, se modificarán los horarios de cierre de los comercios, centros comerciales y restaurantes, en un intento del país por reducir su consumo energético.
Según Egypt Today, el horario de cierre se fijará a las 21:00 horas entre semana y a las 22:00 horas los jueves y viernes, durante un mes a partir del 28 de marzo. Dado que la semana laboral en Egipto va de domingo a jueves, estos horarios ampliados afectan a las noches de fin de semana.
En cuanto a Tailandia, los taxis tienen dificultades para repostar combustible. El país recibió cerca de 33 millones de llegadas internacionales el año pasado, entre ellas 41 000 británicos, 41 000 alemanes y 40 000 españoles.
La escasez de combustible provoca largas esperas para los y las turistas en el aeropuerto de Suvarnabhumi, el principal aeropuerto de Bangkok, ya que hay menos taxis circulando. En condiciones normales, unos 6 000 taxis prestan servicio en el aeropuerto, pero actualmente solo quedan unos 2 500, y muchos rechazan los trayectos de larga distancia por miedo a quedarse sin combustible. Para los usuarios del transporte público, los precios de los combustibles tienen un límite máximo y se insta a los operadores a no aumentar las tarifas.
Como consecuencia del conflicto en Irán, se prevé que España reciba este año una afluencia adicional de turismo europeo, especialmente de Francia. Destinos como Barcelona o la Costa Brava son percibidos como más seguros. Además, son más económicos. Ahora que comienza la temporada turística, las cifras de reservas se disparan. La Semana Santa y el fin de semana de Pascua marcan aquí el inicio de la temporada. En Barcelona, las reservas para este periodo han aumentado un 20 % con respecto al año pasado. Este año, debido a la guerra en Oriente Medio, las personas viajarán más cerca, hacia un destino considerado «refugio». Cuando hay inflación, España siempre ha salido ganando históricamente porque es un destino más barato que muchos otros destinos europeos.
Sin embargo, más allá de las repercusiones positivas de la guerra en Irán para España, el turismo es una industria frágil, ya que su evolución sigue siendo muy sensible a los cambios bruscos del entorno social; los fenómenos políticos y económicos tienen una influencia preponderante en su desarrollo. Por lo tanto, los bombardeos sobre Teherán podrían tener consecuencias importantes para el turismo internacional y repercusiones que se dejarán sentir durante varios años.

