Reducir la estacionalidad, clave para la recuperación y la vuelta al empleo turístico

  • Braintrust ha elaborado el índice de estacionalidad del turismo extranjero en España, donde se visualiza la necesidad de la transformación del modelo.
  • Baleares, la Comunidad Valenciana y Cataluña, aparecen como las Comunidades donde la oportunidad es mayor.
  • La excesiva estacionalidad dificulta la recuperación económica y dificulta el regreso del empleo al sector.

La firma de consultoría Brainstrust, especializada en la industria turística, y diseñadora de muchos planes estratégicos para municipios que son punto de interés turístico en España, ha lanzado un nuevo análisis sobre la estacionalidad de los diferentes destinos y la oportunidad que, la nueva etapa que se avecina, supone para corregir esa situación y transformar el modelo actual hacia un enfoque de sostenibilidad, eje principal de los planes turísticos del futuro y condición indispensable para recibir ayudas de los fondos europeos.

La excesiva estacionalidad de algunos destinos pone en peligro su recuperación

Los datos de BRAINTRUST a través de diferentes oleadas de su Barómetro Turístico, reflejan que las 6 principales CCAA receptoras de turismo internacional acumulaban antes de la pandemia el 93% del gasto total – incidiendo en la concentración de destinos – conforme a la siguiente distribución:

Tomando como base los estudios de sobre el gasto del turismo internacional para ese conjunto de comunidades, el análisis de la consultora muestra la siguiente distribución:

Distribución del gasto de turistas extranjeros en cada CCAA por mes del año (2019)

Como se puede observar se detectan importantes diferencias entre los distintos territorios; así por ejemplo Baleares muestra una elevadísima concentración en los meses de verano mientras que Canarias mantiene una línea uniforme a lo largo de todo el año. 

Para poder cuantificar estas diferencias Braintrust ha construido un índice de estacionalidad cuyos resultados serían los siguientes:

Claramente Baleares es la comunidad que mayor estacionalidad presenta, seguida a una considerable distancia de la Comunidad Valenciana y Cataluña, ambas con valores similares. En el otro extremo encontramos a Canarias y Madrid, con un indicador de estacionalidad muy bajo, lo que refleja que el gasto que reciben de turistas extranjeros es muy similar en todos los meses, aprovechando y optimizando la afluencia de visitantes a lo largo de todo el año, aspecto éste que como veremos después incide en la gestión del turismo y su impacto.

Para Ángel García Butragueño, co-director del Barómetro Turístico y Director de Turismo de Braintrust, “el índice de estacionalidad reflejado significa el nivel de dependencia de un destino en un turismo concentrado y masivo, que impide un modelo sostenible. Este es el objetivo principal del turismo de la era post COVID, y eje estratégico sobre el cual van a girar todos los planes turísticos de los destinos, junto a la digitalización, para acceder a los fondos europeos Next Generation que persiguen la transformación de la industria en su conjunto.

En este sentido, la previsible desescalada tras la pandemia no nos debe hacer correr en una búsqueda desesperada de los turistas de siempre, sino aprovechar para transformar el enfoque del modelo turístico, como ya están haciendo muchos de nuestros clientes”.

Identificar públicos, ampliar la propuesta de valor e innovar para atraer al turista post pandemia

Para reducir la estacionalidad los destinos pueden poner en marcha determinadas estrategias. En primer lugar segmentar el mercado y trabajar con diferentes públicos objetivo, considerando tanto sus motivaciones, como su origen, la experiencia que buscan, etc. Tras este primer paso, corresponde ampliar la propuesta de valor, diseñando productos y servicios que incentiven la visita en momentos valle, incrementando en la oferta a los diferentes actores del ecosistema turístico del destino, diversificando los recorridos tradicionales por las ciudades con nuevas rutas.

Como siguiente idea los destinos deben innovar en la forma de comunicar y vender el destino tanto en fondo como en forma, así como en los canales adecuados al segmento de público target; al fin y al cabo, los destinos se transforman en las diferentes épocas del año y se visten de diferente manera para cada tipo de viajero y motivación. Una vez implantados los pasos anteriores se pueden ir generando “excusas” para atraer a los viajeros, vinculadas con la gastronomía, el consumo de productos de proximidad, eventos concretos como música y deportes, actividades del campo , de la naturaleza, motivaciones todas ellas intrínsecas a una era post COVID y por último completar la oferta vacacional con elementos business travel y MICE, habitualmente menos sensibles o incluso descorrelados con las temporadas de mayor demanda.

Para José Manuel Brell, co-director del Barómetro Turístico y Socio responsable de la práctica de Estudios y Modelos Cuantitativos en Braintrust “la reducción de la estacionalidad es posible, pero es necesaria una estrategia adecuada a corto, medio y largo plazo, y la implicación de todos los agentes económicos de los destinos. Por eso más que nunca es necesaria la colaboración público-privada, en aras de alcanzar esa meta de un modelo diferente, diversificado tanto en origen como en destino, y desestacionalizado. Y conseguir esa mayor diversificación estacional es condición necesaria (aunque no suficiente) para caminar hacia este nuevo tipo de turismo al que todos aspiramos, un turismo sostenible sí o sí, que permita devolver a la sociedad local la riqueza de su actividad.”.

Reducir la estacionalidad genera un turismo sostenible, evita la “turismofobia” y fomenta un tipo de empleo estable

El turismo en el futuro será sostenible sí o sí, y las ventajas de reducir la estacionalidad ayudan a cumplir con ese objetivo desde diferentes enfoques, según se observa en los análisis de Braintrust.

Desde un punto de vista de gestión, la desestacionalización ayuda a no incurrir en la sobreexplotación de los recursos en épocas puntuales del año y no hace necesario un dimensionamiento de infraestructuras excesivo. Por otro lado a nivel medioambiental permite un mejor aprovechamiento y gestión de los recursos ya que su utilización es constante a lo largo de todo el año y no experimenta grandes picos que se combinan con épocas de nulo aprovechamiento. A nivel económico facilita la construcción de un tejido empresarial más sólido al hacer que los negocios estén abiertos durante todo el año, lo que contribuye a mejorar el enraizamiento de la población, estabilizando el empleo, y no tener una bolsa de trabajadores temporales que van y vienen del territorio.

Con una visión de viajero, posibilita ofrecer una mejor experiencia al evitar que se encuentre destinos masificados, con enormes aglomeraciones (deseo inequívoco del turista post COVID), con servicios saturados y, previsiblemente, con precios muy elevados, fruto de la alta concentración de la demanda. Y por último desde la mirada del residente mejora la habitabilidad de las ciudades, reduciendo la turismofobia, ya que las personas que residen en los destinos turísticos no se ven abrumados por masas ingentes de turistas, sino que observan un flujo más constante y respetuoso con el destino, y no se ven “expulsados” de su lugar de residencia en determinadas épocas del año.

Oportunidades de transformación para los destinos

En la nueva era post COVID, los destinos tienen ante sí una nueva oportunidad, como demuestra el hecho de que la gran mayoría están diseñando y definiendo sus planes estratégicos turísticos para los próximos años. El fin último del turismo de retornar su riqueza a la sociedad exige a los destinos su orientación a un modelo sostenible, diversificado y desestacionalizado. Y en ese marco la reducción de la estacionalidad es una necesidad crítica manifestada por todos ellos. No es un reto sencillo, especialmente en aquellos destinos en los que el clima no acompaña, no obstante deberíamos huir de ese tópico, obviamente sin banalizarlo, incluyendo en temporada baja otros elementos de atracción turística capaces de atraer a otros tipos de público menos proclives al “sol y playa” y más sensibles a “la cultura y el patrimonio” que tanto atesoramos en España.

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