De turista a viajero comprometido: cómo avanzar hacia un modelo de turismo sostenible

El auge del turismo de masas y la democratización del transporte aéreo han puesto sobre la mesa la necesidad de reinventar el sector para que sea más sostenible. La irrupción de la pandemia, por su parte, ha obligado a repensar de manera transversal la concepción tradicional de los viajes. Kiwi.com, la empresa líder en tecnología de viajes, apuesta por impulsar una nueva manera de viajar, más responsable y consciente, para recorrer el mundo mientras se reduce al máximo la huella ambiental.

“Como empresa especializada en viajes, queremos aportar nuestro know-how para que las personas aprendan a viajar de forma inteligente. Viajar y cuidar del planeta no deberían ser antónimos. Las decisiones que toma cada uno a la hora de desplazarse son claves para generar un impacto positivo, empezando por el cómo, cuándo y dónde viajamos”, ha afirmado Mario Gavira, vicepresidente de crecimiento de Kiwi.com.

Viajar en temporada baja y durante más tiempo

Viajar en temporada baja no solo puede ser más económico para el bolsillo, sino que también ayuda a descongestionar el flujo de viajeros en los destinos más populares. Basta con recordar la masificación de Venecia o Santorini para apreciar las ventajas que presenta viajar, por ejemplo, en noviembre o febrero, desafiando la estacionalidad.

En 2021, la estancia media de los viajes con salida desde España es de seis días, según los datos de Kiwi.com. Pasar más tiempo en el destino es otra forma de viajar de forma más responsable: al extender la estancia, el viajero evita concentrar las visitas a los sitios más demandados en unos pocos días, lo que ayuda a paliar los efectos negativos del turismo de masas.

Optar por el tren, autobús o vuelos directos

Si bien en ocasiones el transporte aéreo es la única alternativa posible, ya sea por logística o tiempo, existen muchas rutas que se pueden recorrer en tren o autobús sin complicaciones. Kiwi.com cubre más del 95 % del contenido de viajes en todo el mundo y ofrece más variedad de transporte, lo que significa que, además de vuelos, los viajeros pueden elegir entre una amplia red de autobuses y trenes. La compañía también apoya el transporte propulsado con energía renovable, como por ejemplo los trenes públicos en los Países Bajos, que funcionan con energía eólica.

Sumergirse de lleno en el destino

La evolución de turista a viajero implica una inmersión completa en la cotidianidad del destino local. Comer en restaurantes y realizar compras en tiendas administrados por empresarios locales o alojarse en hostels u hoteles boutique producen un impacto determinante sobre la economía de la región.

Entender el turismo sostenible a partir de una conexión real entre viajeros y lugareños es clave. Es una victoria por partida doble: la gente local se siente más involucrada en el cuidado de su entorno y los viajeros consiguen vislumbrar de forma genuina cómo viven las personas de otra cultura.

El asiento importa

La clase económica no solo es más barata que la ejecutiva o la primera clase, sino que también es mejor para el planeta. Por lo general, los asientos de negocios o de primera clase son más pesados ​​y ocupan de tres a cuatro veces más espacio que un asiento en la clase económica.

Elegir destinos menos conocidos

Viajar a destinos menos populares tiene una triple ventaja: por una parte ayuda tanto a desmasificar los destinos con mayor afluencia de visitantes como a hacer prosperar los destinos más desconocidos. Y, por otra parte, el viajero puede diferenciarse del resto por descubrir lugares que otros todavía no conocen. Así, quien quiera huir de la multitud de París sin renunciar a vivir una experiencia à la française puede poner rumbo, por ejemplo, a Burdeos. Lo mismo ocurre con Londres: una alternativa al bullicio de la capital británica es la acogedora ciudad de Norwich.

Priorizar destinos y compañías comprometidos con el cuidado del planeta

Hay múltiples formas de medir la sostenibilidad de un destino. Algunos tienen mayor porcentaje de espacios verdes, una mejor calidad del aire o utilizan transporte impulsado por energía renovable.

Ubicado en el corazón de la Selva Negra, Friburgo es un buen ejemplo de destino con conciencia por el cuidado del medio ambiente. En 1975 estaba prevista la construcción de una central nuclear en una parte del bosque a solo 30 km de la ciudad. Los lugareños acamparon para detener la construcción, y pronto se les unió una mezcla ecléctica de personas, incluidos agricultores, activistas y estudiantes, entre otros. Nueve meses después, el proyecto se canceló oficialmente. Desde entonces, la ciudad ha recibido un aluvión de premios por sus iniciativas ecológicas. Tiene el doble de bicicletas que de automóviles y varios edificios municipales, incluido el Ayuntamiento, o el estadio de fútbol del SC Freiburg, funcionan con energía solar y devuelven el exceso de energía a la red eléctrica de la ciudad.

Las rutas más buscadas este año en la web de Kiwi.com desde España para viajar a Friburgo son desde Barcelona, Málaga y Madrid.

La sostenibilidad también está adquiriendo más protagonismo en el sector aéreo: más de 30 aerolíneas miembros de la IATA han introducido un programa de compensación de carbono con pautas estandarizadas. El objetivo actual es alcanzar una neutralidad de carbono del 50% para 2050.

Fuente: SERGAT

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