Grimaldi Lines reunió del 10 al 13 de septiembre a 14 periodistas y creadores de contenido del sector turístico en un viaje entre Barcelona, Porto Torres y Alghero. Cultura, naturaleza, patrimonio y gastronomía demostraron que el noroeste de Cerdeña tiene argumentos de sobra para convertirse en una propuesta harto atractiva para el cliente español en las fiestas de Sant Miquel, pero también durante el resto del año.


Existen destinos que necesitan pocas explicaciones para venderse y otros que, cuando se conocen bien, ofrecen muchos más argumentos de los que su imagen inicial deja entrever. Alghero pertenece claramente al segundo grupo. Cerdeña continúa asociándose, en gran medida, al verano y a sus playas, pero el viaje organizado por Grimaldi Lines España junto a Città di Alghero y Fondazione Alghero, permitió descubrir un territorio mucho más completo y, sobre todo, fácilmente transformable en producto turístico.
Y aquí aparece ya uno de los principales argumentos comerciales de la propuesta: el viaje. Y, éste, comienza en Barcelona.


El Mediterráneo como parte del viaje
La salida tuvo lugar desde el puerto de Barcelona a bordo del Cruise Barcelona, uno de los buques gemelos que Grimaldi Lines utiliza en sus conexiones con Porto Torres y Civitavecchia. En lugar de concebir la travesía como un simple desplazamiento hasta Cerdeña, la naviera apuesta por integrarla en la propia experiencia vacacional.
Los números ayudan a entender el concepto. Cruise Barcelona y Cruise Roma cuentan con 254 metros de eslora, capacidad para 3.500 pasajeros y una oferta a bordo que incluye una sala multiusos de 1000 metros cuadrados, tres restaurantes, cinco bares, piscina y solárium, gimnasio, boutique y un área wellness de 400 metros cuadrados con sauna, baño turco y jacuzzi y discoteca para las travesías nocturnas.
Para el agente de viajes, esta fórmula permite presentar Cerdeña de una manera diferente: el cliente no compra únicamente una estancia en destino, sino una escapada mediterránea cuyo primer capítulo se desarrolla ya durante la navegación. Todo ello, sin hablar de la enorme comodidad y despreocupación de poder viajar con su propio vehículo y sin límite de equipaje, además de la posibilidad de poder viajar en todo momento con su mascota.
Tras la llegada a Porto Torres, comenzó el recorrido terrestre hacia Alghero siguiendo la costa de Porticciolo. La primera gran parada fue Capo Caccia, uno de los paisajes más reconocibles del noroeste sardo. Sus grandes paredes calizas forman parte del área marina protegida Capo Caccia-Isola Piana, un entorno de más de 2.600 hectáreas que combina acantilados, fondos marinos, cuevas y playas como Mugoni.
Precisamente en Mugoni tuvo lugar el almuerzo antes de continuar hacia el casco histórico de Alghero.

Alghero, una ciudad italiana que también habla catalán
Es probablemente aquí donde aparece el gran elemento diferenciador del destino.
Y, es que, Alghero no es solo una agradable ciudad mediterránea rodeada de murallas. Su historia mantiene una relación excepcional con Cataluña que todavía puede percibirse al recorrer sus calles, escuchar el alguerés o contemplar la señalización bilingüe.
La ciudad estuvo vinculada inicialmente a la familia genovesa de los Doria, que la fortificó a comienzos del siglo XII. El gran cambio llegó en 1354, cuando Pedro IV de Aragón tomó Alghero tras un prolongado asedio y la ciudad fue posteriormente repoblada con habitantes procedentes de los territorios de la Corona de Aragón. Comenzó así un largo periodo de influencia catalana cuyas huellas siguen siendo visibles más de seis siglos después.
Ese pasado convierte la visita guiada al centro histórico en algo más que un paseo entre calles estrechas, iglesias, torres y fortificaciones. Es una manera sencilla de explicar al viajero español por qué, en pleno territorio italiano, aparecen referencias culturales y lingüísticas que resultan sorprendentemente familiares.
Durante nuestra visita, esa relación histórica cobró todavía más sentido por coincidir con las celebraciones de Sant Miquel, patrón de la ciudad, donde confluyen tradiciones sardas y catalanas. Uno de los momentos más representativos fue la actuación de los castellers de Parets del Vallès junto a los de Alghero en pleno centro histórico.
No solo es una curiosidad cultural: para una agencia, supone un relato comercial muy reconocible: Italia, sí, pero distinta; Cerdeña, sí, pero con una conexión cultural inmediata con España.
Del paisaje al vino: otra cara de Cerdeña
El programa permitió también acercarse al territorio desde su producción vitivinícola con una visita exclusiva a Poderi Guardia Grande y una cata guiada de sus vinos. Fue una de las experiencias más exclusivas del viaje. Situada en un promontorio con vistas privilegiadas sobre Capo Caccia, Porto Conte y la costa de Alghero, la finca cultiva variedades estrechamente ligadas al territorio, como Vermentino, Cannonau y Cagnulari. Allí disfrutamos de una visita privada y una cata guiada que permitió conocer de cerca una filosofía vitivinícola muy vinculada al paisaje, al clima y al respeto por la tierra.
Tras la bodega, la jornada continuó en el Agroturismo Barbagia, donde la cocina tradicional sarda puso sobre la mesa otra de las grandes bazas de Cerdeña. Fue también allí donde Gaceta del Turismo tuvo ocasión de conversar con Graziano Porcu, presidente de Fondazione Alghero, antes de regresar al Smy Carlos V Wellness & Spa Alghero, un cinco estrellas situado en primera línea del paseo marítimo y a apenas 300 metros del casco histórico, que fue nuestra base durante las dos noches. Completamente renovado, cuenta con 180 habitaciones, piscina de agua de mar, spa, restaurantes con terrazas panorámicas y unas vistas privilegiadas sobre la Bahía del Coral y Capo Caccia.
Porcu incidió durante el viaje en uno de los objetivos que tiene actualmente el destino: que Alghero sea descubierta tanto por el mercado catalán como por el conjunto del mercado español y que pueda visitarse más allá de los meses estrictamente estivales. La propia Fondazione Alghero, presidida actualmente por él, tiene entre sus funciones coordinar la promoción turística y desarrollar conjuntamente patrimonio, cultura, eventos y territorio.
Gruta de Neptuno, coral y varios milenios de historia
El segundo día confirmó hasta qué punto Alghero puede sostener un programa variado sin grandes desplazamientos.
Una navegación por la bahía y los acantilados de Capo Caccia nos condujo hasta la Gruta de Neptuno, una de las visitas naturales imprescindibles de la zona. La cavidad se adentra aproximadamente 2.500 metros en el macizo calcáreo y reúne lagos de agua salada, estalactitas y estalagmitas. Las formas esculpidas durante millones de años crean un paisaje casi irreal, tan bello que ni un sueño puede imaginar. Llegar por mar, con la pared caliza elevándose sobre el Mediterráneo convierte la visita en una de las experiencias más espectaculares de Alghero. Como decimos, puede alcanzarse por mar o a través de la espectacular Escala del Cabirol, formada por alrededor de 660 escalones excavados en el acantilado.
El itinerario continuó después con otra de las señas de identidad locales: el coral rojo, trabajado artesanalmente durante generaciones y estrechamente asociado a la denominada Riviera del Corallo.
Y todavía quedaba sitio para la gastronomía popular —con la tradicional focaccia de Alghero en Il Milese—, pero todavía nos quedaban varios milenios que retroceder para comprender un poco más Cerdeña. Había que ir mucho más atrás que romanos, aragoneses o genoveses, más allá del mar: El complejo nurágico de Palmavera, una de las civilizaciones más singulares del Mediterráneo antiguo con casi cuatro mil años de historia que permite adentrarse en la enigmática civilización nurágica entre torres, murallas y restos de un antiguo poblado. El asentamiento fue abandonado en el siglo VIII a. C. La visita se completó con la necrópolis de Anghelu Ruju, que conserva 38 tumbas excavadas en la roca hace unos cinco mil años, las evocadoras domus de Janas o “casas de las hadas”. Si buscas historia, misterio y patrimonio, sin duda es una parada obligatoria.
Un producto con argumentos para todo el año
Esa combinación es, posiblemente, la principal conclusión profesional del viaje.
Alghero funciona en verano, evidentemente. Tiene Mediterráneo, playas, navegación y un entorno natural de primer nivel. Pero limitar su comercialización al sol y playa significa dejar fuera buena parte del producto.
Tiene un casco histórico con personalidad, una historia fácilmente comunicable al cliente español, patrimonio arqueológico, naturaleza, gastronomía, vino, artesanía, actividades marítimas y un calendario cultural capaz de generar motivos de viaje fuera de la temporada alta.
Las fiestas de Sant Miquel son un buen ejemplo. También lo son los ritos de Semana Santa o las celebraciones de final de año que forman parte de la programación de una ciudad que quiere mantener actividad turística durante los doce meses.
Y a todo ello se suma la conexión marítima directa de Grimaldi Lines entre Barcelona y Porto Torres, que acerca el norte de Cerdeña al mercado español y permite construir una propuesta en la que transporte y destino forman parte de una misma experiencia.
Ese probablemente sea el mensaje más interesante para el canal de agencias: Alghero no necesita venderse como una alternativa a otros destinos mediterráneos, sino como una propuesta con personalidad suficiente para ocupar su propio espacio.
Una sola noche bastó para pasar de la comodidad de la junior suite del Cruise Barcelona a disfrutar, al mediodía siguiente, de un aperitivo frente a los impresionantes acantilados de Capo Caccia, acompañados por la música en directo de un magnífico saxofonista. Sí, así de factible.
Grimaldi Lines es el enlace. Alghero está lista para nuevas historias.

