El viaje a ninguna parte

Que el año estaba perdido era una terrible realidad desde hace meses, pero que la situación fuese tan desastrosa a comienzos del otoño y que el 2021 se vea con tantísimas dudas, la verdad, no creo que casi nadie lo esperaba o deseaba.

Tomo prestado el título de la estupenda película de 1986 dirigida por Fernando Fernán-Gómez para encabezar este artículo, que desde ahora aviso, está impregnado de cierto pesimismo, porque el turismo, y más en concreto, las agencias de viajes, llevan un billete de ida a ninguna parte.

Tengo la fortuna de estar en contacto con la inmensa mayoría de los ejecutivos de las grandes marcas del sector y también con cientos de pymes. Y, a día de hoy, el pesimismo, la incertidumbre y el miedo es común. Y, lo que es peor, se está pasando a una fase de derrotismo muy peligroso (aunque comprensible).

Que el año estaba perdido era una terrible realidad desde hace meses, pero que la situación fuese tan desastrosa a comienzos del otoño y que el 2021 se vea con tantísimas dudas, la verdad, no creo que casi nadie lo esperaba o deseaba. Y sí, es mucho peor de lo que podíamos imaginar, seguimos navegando por aguas desconocidas y hostiles.

Colaboro con varias empresas del sector que durante estos meses se han dedicado, paralelamente, a sortear las dificultades propias y derivadas de la no obtención de ingresos, y, al mismo tiempo, se han volcado en innovar, en dedicar recursos a mejorar procesos, en digitalizar su organización y operativa, en analizar oportunidades a futuro… El problema es que la primera premisa pesa demasiado porque sin ningún tipo de ingreso, esto acaba por agotarse, y, como es lógico, el siguiente pensamiento es preguntarse hasta cuándo se puede sobrevivir en este viaje a ninguna parte. Unos barajan marzo de 2021; otros septiembre… ninguno llega a 2022. Obvio. La cuenta atrás ha comenzado para todos si nada cambia. Mayday! Mayday!

Hace días el CEO de una compañía con la que colaboro me dijo: «Ha llegado el momento de gestionar miseria. ¿Te apuntas?» ¡Por supuesto, jamás tiro la toalla! le contesté. Sí, en el fondo, sigo pensando que en unos meses volveremos a navegar por mares más conocidos y empujados por aires de esperanza.

¡Y allí estaremos todos!

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